La luz lo es casi todo en una foto. La misma persona, en el mismo sitio, sale distinta a las doce del mediodía que a las seis de la tarde.
La hora dorada. Es la hora después del amanecer y la hora antes de la puesta de sol. La luz es suave, cálida y viene de lado. Es la que más favorece a la piel y la que uso siempre que puedo en exteriores.
El mediodía, mejor a la sombra. Con el sol arriba salen sombras duras en los ojos y todo el mundo achina la mirada. Si no queda otra, busca la sombra de un árbol o de un edificio.
Los días nublados son un regalo. Las nubes hacen de difusor gigante. La luz es suave durante todo el día y los colores salen bonitos.
En casa, junto a la ventana. Coloca a la persona de lado o de frente a la ventana, nunca de espaldas. Apaga las luces del techo para que no se mezclen colores.
En otoño e invierno, adelanta la hora. Ahora oscurece pronto, así que la hora buena en Rubí está más o menos entre las cuatro y media y las seis de la tarde.
Por eso, cuando reservas una sesión de exterior conmigo, la hora no es al azar: la elijo según la luz de ese día. Mira las fechas libres aquí:
Reservar sesión